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Cómo Bad Bunny montó su gira histórica por estadios de EEUU y Latinoamérica: 36 camiones, un jet de cargo y 100 toneladas de equipo

'Nunca trabajé con un artista que generara tanto frenesí'

Noah Assad, el mánager de Bad Bunny, es alguien casi imperturbable. Pero hasta él reconoce que embarcarse en una gira por estadios apenas tres meses después de haber hecho una por coliseos era algo un tanto abrumador. 

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“Sabíamos que tendríamos que aprender sobre la marcha y que ninguno de nosotros lo había hecho antes”, dice Assad ahora. “Pero lo hicimos y prevalecimos con la ayuda de viejos y nuevos socios, y sentamos nuevas pautas para la industria”. 

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Bad Bunny termina el año como el artista con la gira más lucrativa de 2022, al recaudar 373,5 millones de dólares, provenientes de 1,8 millones de boletos en 65 shows, según Billboard Boxscore, y esa cifra ni siquiera incluye sus últimos 20 espectáculos en estadios de Latinoamérica. Eso hace de Bunny — cuyo verdadero nombre es Benito Martínez Ocasio — el primer artista en lengua no inglesa en encabezar ese ránking de fin de año. 

El World’s Hottest Tour batió récords de ingresos por recinto en 12 de los 15 mercados estadounidenses a los que llegó, incluidos Chicago, Washington, D.C. y Nueva York, donde se presentó en el Yankee Stadium. En total, el tramo norteamericano de la gira promedió 11,1 millones de dólares por espectáculo, el mayor promedio bruto por espectáculo de cualquier artista en cualquier género en la historia de Boxscore (que se remonta a fines de la década de 1980). 

Bunny también se convirtió en el único artista en realizar el mismo año dos giras distintas que superaron los 100 millones de dólares cada una. Su gira por estadios comenzó después de terminar El Último Tour Del Mundo, una gira de 35 fechas por coliseos que recaudó 116,8 millones de dólares en 35 paradas. 

¿Cómo logró semejante proeza un artista que solo graba en español, está firmado con un sello independiente y solo lleva cinco años en el mercado ? Para averiguarlo, Billboard habló con agentes, promotores y productores para averiguar cuáles son los ingredientes del espectacular éxito de las giras de Bunny. 

Las semillas para el World’s Hottest Tour, que finalizó con entradas agotadas el viernes (9 de diciembre) y el sábado (10 de diciembre) en el Estadio Azteca de la Ciudad de México, se sembraron el 15 de abril de 2021, cuando los boletos salieron a la venta para la gira por coliseos de Bunny en abril de 2022. Los boletos de la gira se agotaron en cuestión de horas, dice Jbeau Lewis, uno de los agentes de Bunny en UTA, con unas 200.000 o 300.000 personas haciendo fila virtual en distintos coliseos para tratar de conseguir boletos, quedando claro cuánta demanda tenían los conciertos de Bad Bunny.  

“Recuerdo claramente a Noah decir en una conversación: ‘Tenemos que reservar algunos estadios para el próximo año’. Vimos la demanda sin precedentes de [la gira de coliseos de 2022] El Último Tour del Mundo”, dice Lewis. “Y sabiendo que faltaban nueve meses para la gira y que Benito tenía planes de lanzar más música, la única forma de generar suficiente oferta para satisfacer la demanda era trasladarse a lugares más grandes. Y fue entonces que empezamos a trabajar en eso”. 

Assad firmó el año pasado con Henry Cárdenas de Cardenas Marketing Network (CMN), promotor de Bunny desde hace mucho tiempo que ya estaba ocupándose de su gira por coliseos, y lo había estado contratando desde que tocaba en clubes ante 1.000 personas en 2017 y 2018 en ciudades como Nueva York y Miami. Cárdenas incorporó a Live Nation — con vasta experiencia en estadios — como su socio en Estados Unidos. 

El mayor desafío en Estados Unidos no era la perspectiva de llenar estadios. Lewis estaba muy seguro de que eso no sería problema si se limitaban a los mercados donde Bunny tenía mayor demanda. El problema eran los itinerarios, dado que la gira se reservaba con solo 15 o 16 meses de anticipación, y los equipos de la MLB y la NFL ya tenían fechas reservadas. Assad y Bunny también insistieron mucho en que no diera más de dos conciertos por ciudad, para que los fans no creyeran que prefería un mercado más que otro. 

Al final, se decidieron por 15 ciudades de Estados Unidos y las entradas salieron a la venta antes de que se concretara el concepto de la gira, algo que su productor, Roly Garbalosa, dice que no es usual. “Normalmente, para una gira tan grande, creas el concepto y luego buscas los mercados. En este caso, no. En este caso nos lanzamos y ya”. 

Bad Bunny salió al ruedo el 5 de agosto con una producción masiva que transportaba su enorme “playa”, palmeras, pantallas LED y, por supuesto, los artilugios necesarios para volar sobre el público en una islita con palmera en la que canta mientras se desplaza por el aire. Aunque una gira típica requiere unos 20 camiones de carga, Bunny viajaba con hasta 36, transportando 100 toneladas de equipo. Mientras que CMN y Live Nation promovían toda la gira estadounidense, CMN se hizo cargo de siete conciertos en América Latina. Los otros pasaron a manos de promotores independientes con los que Assad ha trabajado antes, entre ellos Bizarro en Chile, Westwood Entertainment en México, y Dale Play en Argentina. 

“Noah tiene código”, dice Fede Lauria, fundador de Dale Play, que promovió los dos shows de Bunny en el estadio Vélez Sarsfield de Buenos Aires. “Promoví la primera gira de Benito aquí en Luna Park en 2016. Ha sido la producción más grande que he hecho. Vendimos 90.000 entradas, pero hubiera podido vender 900.000. Vendimos todo en media hora. Tenía a más de un millón de personas en línea virtual tratando de comprar boletos”. 

En el caso de América Latina, Bunny volvió a insistir en su regla de no más de dos espectáculos por ciudad. También insistió en que tenía que ser exactamente igual al que veían sus fans en Estados Unidos. Esto se dice fácil; hacerlo es otra cosa. Por lo general, los promotores pagan a los artistas su garantía, más el costo de producción local. Pero Bunny no podía depender de la producción local para un espectáculo técnicamente complicado. Muchos países y recintos sencillamente no tienen el equipo necesario para replicar lo que se puede hacer en estadios de última generación en Estados Unidos. Y muchos promotores locales no pueden pagar los costos de importar la producción y aun así cubrir los gastos, sobre todo en países que están sufriendo una devaluación masiva. Entonces, en lugar de modificar el programa para cumplir con los estándares de producción locales, Bunny “tomó todo su equipo, lo metió en un jet 747 y se lo llevó con él”, dice Cárdenas. “Y lo pagó de su bolsillo”. 

Incluso entonces, dice Garbalosa, fue necesario hacer ajustes. En Estados Unidos, el truco volatinero de Bunny se realiza comúnmente enganchando el equipo a las luces y torres. Como muchos estadios de América Latina no tienen esa capacidad, “tuvimos que alquilar grúas y colocarlas fuera del estadio”, dice Garbalosa. 

Bunny viajó por América Latina con el jet 747 para cargar sus más de 100 toneladas de equipo; un avión de pasajeros para su personal y cuadrilla de más de 130 integrantes, además de un avión privado para él y su equipo inmediato de cinco a seis personas. Y él pagó esos costos. 

“Ningún otro artista hace eso”, dice Cárdenas. “En pocas palabras: es el único artista que invierte esa cantidad de dinero en su producción en América Latina”. 

Esa decisión da como resultado menos dinero para el artista. Los espectáculos en Estados Unidos recaudan más porque los precios de las entradas son más altos y el costo de producción, en este caso, puede ser mucho menor. 

“Pero él dijo: ‘Mis fans merecen el mismo espectáculo’”, afirma Cárdenas. “Es algo que va a rendir frutos en el futuro”. 

Y de cierta forma, se podría decir que ya lo está haciendo. 

“Hace 30 años que hago esto”, agrega Garbalosa, el gerente de producción. “Nunca he trabajado con un artista que provoque esta clase de frenesí”.